viernes, 9 de junio de 2017

Sobre los beneficios del deporte base ( o no)

A todos los que tenemos vástagos involucrados en la práctica del deporte base colectivo se nos llena la boca (con mayor énfasis a partir del momento en que nos damos cuenta de que no son Messi ni Gasol) glosando sus excelencias y beneficios.

El aprendizaje de valores como el respeto, el compañerismo, el compromiso, el valor del esfuerzo o la gestión de la frustración justifican con creces la inversión en tiempo (y a veces pecuniaria) y la dedicación que precisa. Sin embargo, dentro de nuestra responsabilidad como padres, es necesario mantener una vigilancia respecto al experimento, porque el resultado puede ser totalmente contrario al perseguido.

● Les inculcamos el valor del respeto, de la necesaria atención y cumplimiento de unas normas básicas sin las cuales es imposible la convivencia.

● Les mostramos la importancia del compañerismo, de la prelación del beneficio del grupo sobre el éxito individual.

● Intentamos convencerles de la necesidad del compromiso, que su trabajo diario es necesario para el equipo.

● Insistimos, confiando que se les grabe a fuego, en el valor del esfuerzo, la constancia, la perseverancia.

● Y esperamos que cuando lleguen los malos momentos, que sin duda se darán, lidien con ellos y aprendan a gestionar la frustración que les supongan.

Y todo ello con la vista puesta en un futuro, cada vez menos lejano, en el que confiamos en que esos valores aprendidos les sirvan, a modo de navaja suiza, para afrontar los verdaderos problemas, los que la vida les ponga en su camino, y con esas herramientas sepan salir del paso lo más indemnes posible o incluso les sirvan, en el mejor de los casos, para construir una vida feliz.

Hasta aquí la teoría, más hete aquí que es posible que el calcetín se dé la vuelta y te deje con las costuras al aire, porque cuando se vive habitualmente que:

● El respeto no es tan importante, “venga! dos goles y pelillos a la mar”

● Lo del compañerismo queda muy bien en la foto y es preciso un número mínimo de jugadores para poder saltar a la cancha, pero “si no estuviera yo no sé qué haríais”

● El compromiso se exige en función de la persona (no de sus circunstancias, que eso sería entendible)

● El esfuerzo no tiene premio alguno (o se limita a unas palmaditas en la espalda de vez en cuando)

● La frustración es lo único que aparece semana tras semana y comienza a indigestarse su gestión

En ese momento vale más parar, pensar y decidir si realmente estamos consiguiendo lo que perseguíamos.

Porque podemos estar inculcando, a través de una constante y dedicada labor de años, que ni el respeto, ni el compañerismo ni el compromiso sirven para nada a quien no es un crack, y a quien lo es no le hace falta. Que el esfuerzo es una milonga para mantener enganchados a los mediocres con la falsa esperanza de que al final tendrán su recompensa y que estoy hasta el forro de los iguales de gestionar la frustración (lo que me apetece a estas alturas de la película es dar un puñetazo en la puerta del vestuario y decir aquello de Sayonara baby! con la mano a la altura del arco del triunfo…)

Y lo peor de todo es que, con el calcetín al revés, las ampollas surgirán en el futuro camino a recorrer para todos por igual, a unos porque se han descreído de las enseñanzas que intentábamos inculcarles y por supuesto no las aplicaran, y a los otros porque su experiencia les ha mostrado que eran mentira y no las necesitan.

Dicho lo cual, tan solo mantener la vigilancia. Estoy convencido de que todos esos valores son imprescindibles, y que un lugar perfecto para desarrollarlos es a través de la práctica de un deporte colectivo, pero atención podemos estar inculcando justamente lo contrario.

2 comentarios:

Antonio dijo...

Gracias Carlos por escribir lo que llevas dentro. Para quien lidia desde la otra parte de la barrera con las mismas emociones una escritura como la tuya es motivo de aprendizaje y reflexión.

Ojala existiera una forma exacta de hacer las cosas, pero me temo que el futbol es como la vida, y al final los grandes cirujanos, lo son independientemente de su carácter y de su esfuerzo, lo se por experiencia. Y, como no puede ser de otra manera, todos recurrimos a ellos, porque es la salud lo que esta en juego.

El futbol, como la cirugia, exige resultados. Este es el dilema, porque el esfuerzo, el compromiso, el compañerismo y todos lo valores que has descrito son necesarios, pero la forma de gestionarlos no es fácil cuando el fin es un marcador. Las decisiones son rápidas, emocionales, la intuición te mueve más que la razón, porque no puede ser de otra manera. Por eso en ambas experiencias pueden existir secuelas y cicatrices.

Pero lo que enseña el futbol para la vida es el camino. Porque solo quien sabe sufrir, caer y levantarse una y otra vez, tolerar la injusticia con una sonrisa, poner lo mejor de si mismo en las peores circunstancias, remar hasta el final, y una vez en la playa decidir no volver a navegar, o si, ¿quien sabe?, habrá crecido aprovechando toda la enseñanza de cada experiencia.

Estoy convencido de que la vida es equilibrio, lo que no te ha dado en el pasado, te esta esperando en el futuro. Pero hay que saber encontrarlo. Así que curemos las ampollas, "démosle la vuelta al calcetín" y sigamos sufriendo con aquellos a los que amamos con la esperanza de que todas las experiencias pasadas les ayudarán a crecer en el futuro.

Tus reflexiones, sin duda, me ayudaran a ser mejor y quizás más justo, pero estoy seguro de que el futbol seguirá siendo un "mundo" difícil.


Carlos dijo...

Gracias por tu respuesta, sólo quería decirte que la reflexión no es una crítica al trabajo de nadie en concreto, es la constatación de lo aprendido durante los años que llevo observando el tema este del pelotón y aunque, a mi juicio, se ha vuelto a repetir este año no se trata de un tema unipersonal, ni de un club en concreto.

El escrito surge de observar la desilusión de quien hace todo lo posible por conseguir participar más en un equipo y a pesar de ello no lo consigue y, sobre todo, de la tesitura en la que se encuentra quien le apoya cuando le pide que olvide lo ocurrido (y los esfuerzos realizados) y se centre con más ganas si cabe en la próxima semana para intentarlo de nuevo (y esto semana tras semana). De acuerdo en que es la única manera de avanzar y conseguir tus objetivos, pero no es menos cierto que sin una recompensa por el camino se hace muy difícil levantarse día tras día y puede llegar a surgir, como intento explicar en el escrito, el convencimiento de que da igual lo que hagas, que esos valores no aportan nada.

Estamos de acuerdo en que en el fútbol, como en la vida, al final el que tiene las capacidades es quien tiene medio camino hecho pero creo que, al menos en esto que mal-llamamos deporte formativo, debería darse importancia a la otra parte del camino, la que implica esos valores de los que hablaba, porque sin ellos tampoco el crack logrará llegar a la meta y lo único que estaremos consiguiendo son efímeros e improductivos resultados momentáneos.

Gracias de nuevo por tu reflexión y espero que nos veamos de nuevo sufriendo de naranja ;)