Bueno, no pasa
ná. No siempre salen las cosas como uno
quisiera, y no porque no se ponga empeño, pero a veces sale uno de esos días en
los que nada más levantarte te enredas el pie con la sábana, intentas apoyarte
con el brazo para evitar el castañazo y descubres aterrado que se te ha quedado
dormido por la postura y no responde a tus ordenes, ante lo cual decides, en un
alarde de ingenio, hacer un escorzo en el aire para lanzar tu pie libre contra
el suelo con el fin de lograr un apoyo estable, con tal mala fortuna que
encuentra en su camino la lámpara de la mesilla que cae irremediable y
contundentemente sobre tu cabezica al tiempo que observas aterrado como tu
mandibula superior y todos los piños que en ella se alinean cual perlas, se
dirigen irremisiblemente hacia el radiador…
Es en ese momento, tras conseguir lo más dignamente posible recuperar la
vertical, cuando balbuceas algo así como “Me fadece que hoy fa a zer un dia
jodío…”
Pos eso, otro día
será, los “pequeños” futbolistas del Valle del Hierro jugaron bien sus armas,
aprovecharon su fuerza y dominaron el encuentro, y a los tigres no les salieron
las cosas, pos ya está. Enhorabuena a
los ganadores que lo hicieron en buena lid y a otra cosa marisopla. El próximo partido será mejor seguro, entre
otras cosas porque ya no me puedo romper más dientes ;)
A seguir
trabajando y a disfrutar.
PD: en el siguiente enlace podeis ver las fotos que nuestros rivales hicieron durante el partido
La jornada se
presentaba favorable para la disputa, Apolo brillaba en lo alto y Eolo soñaba
con molinos en los brazos de Morfeo, así que el dios Balón podía campar a sus
anchas en los numerosos campos de batalla que a orillas del Hiberus habíanse
dispuesto.
En el caso de los
tigres, la cita era en Utebo, situada a ocho millas de la imperial CaesarAugusta, de ahí su nombre (del latín Octavus), y todos, gladiadores y
progenitores nos dirigimos hacia allí confiando en una difícil pero posible
victoria. Hasta la fecha los
desplazamientos de los naranjas se contaban por derrotas y era ya tiempo de enfrentarse
a Ananké y romper su maleficio.
Y a ello salieron
los naranjas. Tras acicalarse
convenientemente para la batalla, acerar las cotas de malla y afilar tridentes,
los tigres se presentaron sobre el áspero albero ante la atenta mirada de los
defensores del estadio y del juez de la contienda que hubo de soplar su silbato
para advertir a los visitantes que el César no espera eternamente y que hora
era ya de desatar las hostilidades.
Y vaya si se
desataron… los pupilos del centurión Saulus y su lugarteniente Nlandusus salieron dispuestos a dejar claras
sus intenciones. La estrategia era
clara, primus era necesario tomar el mando del centro del campo de batalla,
secundus, con la ventaja adquirida las hordas naranjas lanzarían un ataque por
los flancos que desarbolara las defensas dispuestas por los locales, y tertius,
pero no menos importante, había que mantener la atención en la retaguardia para
impedir los ataques de guerrilla que el contrario planteaba.
La estrategia
surtió efecto, al final de la primera parte de la contienda los naranjas marchábanse
a sus cuarteles con un resultado de 0-3 a su favor, aunque las tropas utebanas habían
dispuesto de alguna ocasión de enjugar la diferencia gracias a sus rápidos
delanteros dispuestos en la avanzadilla.
En la segunda
mitad de la batalla los naranjas, satisfechos de la actitud y el resultado de
la primera parte, continuaron con la misma estrategia, lanzando sus redes a
todo lo ancho del terreno, utilizando el tridente en el ataque y empuñando el
escudo en defensa. El resultado fue
también similar, aunque en este caso los azules consiguieron acertar en un par
de ocasiones con sus punzantes aunque aislados ataques, y el marcador final
reflejó un resultado de 2-4 para los visitantes.
Al final
satisfacción, por la batalla planteada, por el desarrollo de la misma y por el
resultado final que, esta vez si y por fin, hizo justicia a lo vivido. Eso se comentaba en la taberna al finalizar el
encuentro, en presencia de unas frigoris cervêsïas acompañadas de unos pedazos
de melón en vinagre a los que los titulares de la posada tuvieron a bien
convidarnos, y que a toro pasado aún no está claro si su intención era
deleitarnos el paladar con una invención típica de la afamada huerta utebana,
acelerar el consumo de cervêsïas y de paso engrosar sus arcas, o mantener fija
en nuestra memoria (y nuestra lengua) el sabor de la victoria. En cualquier caso, gracias por la
hospitalidad, se agradece estos detalles que, antaño habituales, escasean en
las tabernas.
Buena mañana para jugar al fútbol y, a pesar de la derrota, buen partido. Los tigres lucharon con garra durante todo el encuentro y plantaron cara a uno de los aspirantes al ascenso.
El partido comenzó con una imagen poco habitual, el banquillo naranja lleno de jugadores, y desde el comienzo se vio sobre el terreno de juego cómo iba a transcurrir el encuentro, con el San José atacando sacando tajada de su superioridad física, y el Juventud defendiendo con ganas, anticipándose a los movimientos del rival y buscando llegar a la portería rival rápidamente en cuanto poseía el balón. En estos primeros momentos el ataque de los azulones era constante, sin embargo serían los naranjas los que golpearan primero tras el lanzamiento de una falta lejana.
El gol dio confianza a los tigres que comenzaron a sentirse más sueltos, pero también espoleó al equipo visitante que buscó con ahínco y finalmente encontró la portería local antes del final de la primera mitad.
La segunda parte fue más igualada, los tigres se habían sacudido el temor inicial e intentaban jugar la pelota mientras los chicos del San José seguían intentando no dejarse dos puntos en los campos de Torreramona. La balanza finalmente se inclinó hacia el lado del equipo más fuerte que acertó por dos veces más a perforar la portería naranja, pero nos queda la duda de saber que hubiera ocurrido si ese balón a la escuadra hubiera entrado con el 1-1 en el marcador…Chi lo sa?
Seguimos creyendo en vosotros chicos, y cada día más.